Nuestra historia
Todo comenzó con una sonrisa oculta.
Durante años, no sonreí en una sola foto. Dientes dañados, amarillentos, un agujero visible cuando abría la boca... Conocía bien esa incomodidad. La mano delante de la boca. Los labios apretados. Las miradas que se evitan.
Consulté a un dentista. Presupuesto: 4.200€ por carillas de cerámica. Varias citas, limado del esmalte, meses de espera. No tenía el presupuesto ni las ganas de tocar mis dientes de forma irreversible.
Así que busqué. Y descubrí las carillas removibles clip-on.
La chispa
Lo intenté. Me decepcionó. No me rendí.
Mi primer pedido: carillas de 12€ en un marketplace chino. El resultado: plástico grueso, blanco fluorescente, imposible de llevar más de 10 minutos. No se sujetaban. Parecían falsas. Comprendí por qué la gente no se lo creía.
Pero la idea estaba ahí. Una solución removible, accesible, que devolviera la sonrisa sin tener que pasar por el dentista. El problema no era el concepto. Era la calidad de la ejecución.
Contacté a fabricantes. Probé docenas de resinas. Comparé sistemas de moldeado. Pasé meses buscando el equilibrio adecuado entre sujeción, comodidad y un aspecto natural.
El nacimiento de Clipse
Así que lo creamos.
Meses de investigación, decenas de prototipos y una obsesión: que nadie pueda adivinar que llevas carillas.
Clipse es una resina termoplástica de grado médico, sin BPA, que se moldea con el calor del agua y se engancha mecánicamente a tus dientes. Sin pegamento. Sin preparación. Sin dolor.
Un sistema de moldeo que se adapta a todas las morfologías, dientes dañados, separados, faltantes o amarillentos. Un resultado blanco brillante pero natural, calibrado para que nunca parezca artificial.
Clipse es la sonrisa que nos hubiera gustado encontrar desde el principio. Accesible. Inmediata. Sin concesiones.